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Carlos Granés - Latinoamérica como baratija.

En el número de este mes de la revista Letras Libres se habla acerca de latinoamérica, -sin desperdicio-, de su economía, su cultura y su política. De Oppenheimer a David Reiff, pasando por Enrique Krauze y Mario Vargas Llosa. Anotar muchas de las perspectivas mostradas en este número que estoy seguro varias de ellas hemos pasado por alto.

Pero el texto de Carlos Granés (al cual casi no tengo el gusto de conocer su obra), habla de la nostalgia imperialista que tienen los turistas y universitarios de primer mundo hacia latinoamérica alegando que están llenos de identidad y folclor, algo que la globalidad les ha arrebatado; nos escribe en resumen las teorías del poder y su relación con la sociedad: Carlos Marx, Michel Foucault, Jacques Derrida y desde luego Pierre Bourdieu (en el cuyas teorías del poder me basé para realizar mi tesis universitaria: "Periodismo cultural: Vida y Obra").

La visión del primer mundo sobre el tercer mundo es precisamente la de Baratija, un mundo que les ofrece el folclor que ya no hay en el primer mundo. Aburridos de sus oficinas se dan el aire en latinoamérica.

Mientras que los latinoaméricanos soñamos y soñamos con esas "aburridas" oficinas de primer mundo, soñamos con:

los países donde hay una mejor distribución de la riqueza, donde las libertades fundamentales están mejor salvaguardadas, donde hay sistemas de bienestar que garantizan cierto tipo de igualdad, donde los adelantos médicos mantienen a raya enfermedades que aún castigan al Tercer Mundo, y donde se han alargado las esperanzas de vida.
Una certera reflexión acerca de todo lo que no ven los turistas de primer mundo en latinoamérica, el crimen, la impunidad, la corrupción, el atraso económico que causa estragos directos sobre la gente latinoamericana.
Quizás entonces esa enorme franja de latinoamericanos que, por el momento, están condenados a ser inmigrantes, también pueda pertenecer en el futuro, como el europeo y el estadounidense común, a esa clase turista que sale de sus países no por necesidad, sino en busca de emociones fuertes.
Una discusión que se puede dar desde la universidad y que ayudará a centrar las prioridades de un país, antes que una discusión sobre identidad, está el resolver el problema de la pobreza y el hambre en general.

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